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Por un New Deal Internacional | Yanis Varoufakis

Lecciones de 2008 para más allá de 2018

El año 2008 estuvo marcado por la experiencia cercana a la muerte del capitalismo globalizado. Una década después, no tenemos derecho a ver esos eventos como parte de nuestra historia económica. ¿La razón? Todavía seguimos enredados en la crisis desencadenada por los acontecimientos de 2008, los cuales siguen formando hoy parte central de nuestro presente. La misma crisis toma diferentes formas en diferentes lugares, migrando de un continente a otro, de un país a otro. La crisis muta de generador de desempleo a una máquina deflacionista, de ahí a otra crisis bancaria y a un amplificador de los desequilibrios globales del comercio y el capital. Agota los ahorros de la clase media en Alemania y Holanda, comprime los salarios en Occidente, provoca burbujas de crédito en China, mantiene a Grecia y a la periferia de Europa en un estado de permanente Gran Depresión, alimenta el Brexit y el descontento en áreas suburbanas de los Estados Unidos y Europa. Por último, pero no por ello menos importante, pone en peligro las perspectivas de vida de millones de personas en los denominados países emergentes. Además, quisiera argumentar que las causas de la crisis de 2008 están intactas, los desequilibrios que la desencadenaron están empeorando y la política democrática —el único antídoto para esta crisis y la siguiente— se encuentra, trágicamente, en un estado de deterioro como resultado de la interminable crisis que nos reportó el 2008.

Pero, para que no se asusten ante la perspectiva de una charla empapada de tristeza y fatalidad, permítanme prometer que concluiré —al pasar de hablar de 2008 a las lecciones para más allá de 2018— con un mensaje optimista: ¡Sí, podemos! Podemos dejar atrás el 2008 de una manera que fortalezca la democracia y brinde una prosperidad verde compartida por la mayoría de las personas en la mayoría de los países.

Sobre la naturaleza y las causas de 2008

2008 fue el año 1929 de nuestra generación. El sistema financiero globalizado colapsó y sólo fue apuntalado por dos intervenciones masivas: primero, las instituciones de los Estados Unidos respaldaron a los bancos mundiales y sus negocios dolarizados en el extranjero con centros en Londres, Frankfurt y también aquí, en París: la Fed (sistema de la Reserva Federal de los eeuu), con sus gigantescas líneas swap de intercambio principalmente, pero también el Tesoro de los Estados Unidos. Un banquero del bce se refirió con precisión a los bancos centrales europeos en 2008 (el bce, el Banco Central de Suiza y el Banco de Inglaterra en particular), al afirmar que se habían convertido en la 13a rama del sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos. En segundo lugar, China, cuyas autoridades aumentaron magníficamente el crédito y la inversión en un intento juicioso, por un lado, de reemplazar la demanda agregada doméstica (perdida por la caída libre de las exportaciones de China) y, por otro, para ganar tiempo y poder actuar en conjunto con Europa y los Estados Unidos.

Mientras que el mundo de las finanzas se salvó de sí mismo gracias a los estados de los Estados Unidos y China, la experiencia cercana a la muerte de la financiarización tuvo repercusiones que se sintieron en todas partes. El efecto agregado sobre la producción y el comercio fue mayor en los dos primeros años de la crisis que en el de la Depresión del 1929. Las certezas creadas durante décadas por el pensamiento del establishment —por ejemplo, que los mercados se autorregulan y la política es en gran medida irrelevante— habían desaparecido, junto con alrededor de 40 billones de capital a nivel mundial, 14 billones de riqueza familiar y 700,000 empleos cada mes, tan sólo en eeuu, e innumerables viviendas embargadas en todas partes. ¡Incluso McDonald’s, por el amor de Dios, no pudo asegurar sus números rojos con el Bank of America!

Mientras tanto, la respuesta de los gobiernos que hasta ahora se habían aferrado tenazmente al conservadurismo fiscal, tal vez como la última ideología superviviente del siglo xx, causó un gran asombro y perplejidad. Una vez que se dieron cuenta de que no era suficiente con inyectar billones de dólares, euros, yenes, etc. en un sistema financiero que había estado unos meses antes nadando en ganancias y liquidez, nuestros presidentes y primeros ministros, hombres y mujeres con impecables credenciales sobre el mercado libre y el antiestatismo, se embarcaron en una juerga de nacionalización de bancos, compañías de seguros y fabricantes de automóviles que pone en vergüenza incluso las hazañas de Lenin.

Aquí, en la Europa continental, donde habíamos creado una extraña unión monetaria con un banco central sin un Estado que la respaldara y con diecinueve gobiernos responsables de rescatar a los bancos nacionales, pero sin un banco central para respaldarlos, el resultado fue una política de contracción notablemente contraproducente, que duró de 2008 a 2015. Es esta misma política la que causó una derrota histórica al capitalismo europeo, una derrota que, a pesar de las diversas proclamas de que la crisis ha terminado, todavía está con nosotros, deprimiendo la inversión real y la productividad y envenenando nuestras democracias, haciéndolas vulnerables a la xenofobia orquestada y a un pánico moral en torno al tema de la migración.

Entonces, ¿qué causó los eventos de 2008? Después de 2008, incluso aquellos que habían argumentado que era imposible que los acontecimientos de 2008 ocurrieran, ahora se han convertido en expertos de sus causas. Así es la vida. Pero veamos las diversas explicaciones:

  • Crecientes desequilibrios comerciales
  • La financiarización crea una dinámica tóxica: la narrativa del riesgo sin riesgo que produce un riesgo sistémico masivo que se alimenta de sí mismo.
  • Teoría económica tóxica que ayuda e incita las finanzas tóxicas; por ejemplo, la Hipótesis del mercado eficiente, la Hipótesis de las expectativas racionales, el llamado Modelo de ciclo real de negocios, la Captura del regulador.
  • La entrada de 2 mil millones de trabajadores (de los antiguos Estados comunistas, de China y de la India) en el proletariado global.
  • El exceso de ahorro global que estos desarrollos engendraron.
  • Los bancos centrales luchando en una guerra equivocada contra el precio, no activo, de la inflación.

Todas estas explicaciones son verdaderas y aptas. Pero, quiero argumentar que todas estas explicaciones son en sí mismas síntomas de una causa más profunda: una subyacente macrodinámica global que se ha estado desarrollando desde la década de 1940. En resumen, mi argumento es que estos desarrollos que precipitaron los acontecimientos de 2008 fueron causados por la naturaleza de la transformación de eeuu, que pasó en este periodo de ser una economía hegemónica cuyo excedente era utilizado (por medios políticos) para estabilizar Europa y Japón, a una economía deficitaria cuya hegemonía creció como resultado de estabilizar la demanda global agregada a través de sus crecientes déficits gemelos.*

Para ver esto, debemos comenzar por el principio: en 1944 y en la Conferencia de Bretton Woods. Cuando la guerra estaba llegando a su fin, la administración de los New Dealers en Washington entendió que la única forma de evitar el regreso de la Gran Depresión, una vez que las armas habían sido silenciadas, era reciclar los excedentes de Estados Unidos en Europa y Japón, y así generar en el exterior la demanda que mantendría a las fábricas estadounidenses produciendo todos los relucientes nuevos productos de consumo que la industria estadounidense cambiaría al final de la guerra.

El resultado fue el proyecto de dolarizar Europa, de fundar la Unión Europea como un cártel de la industria pesada y de construir Japón, todo dentro del contexto de una unión monetaria global que era el sistema de Bretton Woods y su nueva filosofía subyacente según la cual el dinero era copropiedad de quienes lo tenían y de la comunidad global que lo respaldaba. Un sistema que presenta un régimen de tipos de cambio fijos anclados en el dólar estadounidense, tasas de interés casi constantes, bancos aburridos (que operan bajo severos controles de capital) y una gestión encabezada por los Estados Unidos de la demanda agregada de bienes y servicios del capitalismo global.

Este deslumbrante diseño nos trajo una Edad de Oro de bajo desempleo, baja inflación, alto crecimiento y una desigualdad reducida masivamente. Por desgracia, a fines de la década de 1960, los cimientos de Bretton Woods se estaban desintegrando. El superávit estadounidense, que era la base del sistema monetario mundial, desapareció. Esto, combinado con el intento perenne de los banqueros de desvincularse de las restricciones impuestas sobre ellos crearía más tarde, con la bancarrota de Bretton Woods en 1971, el mercado offshore de eurodólares que se convertiría en la base de la financiarización. De hecho, en 1968, Estados Unidos había perdido sus superávits, había caído en crecientes déficits gemelos y, por lo tanto, ya no era capaz de estabilizar el sistema global que había creado reciclando un superávit que ya no tenía. Nunca demasiado lento para aceptar la realidad, Washington mató su mejor creación: el 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon anunció la expulsión de Europa y Japón de la zona del dólar.

La decisión del presidente Nixon se basó en la refrescante falta de fobia por el déficit de los estadounidenses. No dispuesto a controlar los déficits imponiendo austeridad (que reduciría la capacidad de los Estados Unidos para proyectar poder hegemónico en todo el mundo), Washington pisó el acelerador para aumentar sus déficits. De esta manera, los mercados estadounidenses funcionaron como una aspiradora gigante que absorbía las exportaciones netas masivas de Alemania, Japón y, más tarde, China, dando paso a la segunda fase del crecimiento de la posguerra (1980-2008). ¿Cómo se pagaban los déficits estadounidenses en expansión? Por un tsunami de dinero de otras personas (alrededor del 70% de las ganancias de los exportadores netos europeos, japoneses y chinos) que se apresuraron entusiastamente a buscar refugio y un mayor rendimiento, un cambio radical que fue ayudado por tres acontecimientos: (i) El crecimiento salarial en los eeuu fue menor que en Europa y Japón (por lo tanto, impulsó el retorno a las inundaciones de capital extranjero en los Estados Unidos); (ii) las tasas de interés del 20% + de Paul Volcker; y (iii) la financiarización dolarizada de Wall Street y la City de Londres que ocasionó ganancias auto-reforzadas de papel financiero.

A mediados de la década de 1980, los Estados Unidos estaban absorbiendo una gran parte del superávit de productos industriales originados en el resto del mundo, mientras Wall Street administraría las inundaciones de capital extranjero en los Estados Unidos de tres maneras. Primero, otorgó crédito a los consumidores estadounidenses (cuyos salarios se estancaron). En segundo lugar, canalizó la inversión directa en las empresas estadounidenses y, por supuesto, en tercer lugar, financió la compra de letras del Tesoro de los eeuu (es decir, financió los déficits del gobierno estadounidense).

Pero para que Wall Street pudiera actuar como ese «imán» del capital de otras personas y realizar el papel de reciclar el superávit de otras personas con el fin de pagar los déficits de Estados Unidos, tuvo que ser liberado de las estrictas regulaciones del periodo del New Deal y de Bretton Woods. Dicho de otro modo, el eurodólar, un mercado financiero no regulado que se había creado en la ciudad de Londres, tuvo que hacerse cargo del resto del mundo, convirtiéndose en el modelo financiero dominante en Nueva York, aquí en París, en Frankfurt y en el Extremo Oriente.

La avaricia institucionalizada, la desregulación al por mayor, las infames «puertas giratorias», los derivados exóticos, etc., fueron meros síntomas de este nuevo y bravo mecanismo de reciclaje global. Después de 1991, cuando otros dos mil millones de trabajadores ingresaron en la fuerza de trabajo mundial, produciendo un nuevo output que impulsó unos flujos comerciales ya desequilibrados, el capitalismo había entrado en una nueva fase. Es lo que conocemos hoy como Globalización.

En la estela de la globalización, la ue creó su moneda común. La razón por la que la ue necesitaba una moneda común era que, como todos los cárteles, tenía que mantener los precios de sus principales industrias oligopólicas estables en el mercado único europeo. Para hacerlo, era necesario fijar tipos de cambio dentro de su jurisdicción, como se habían fijado durante la era de Bretton Woods. Sin embargo, desde 1972 y hasta principios de la década de 1990, todos los intentos de la ue por fijar las tasas de cambio europeas habían fallado espectacularmente. Finalmente, la ue decidió poner toda la carne en el asador y establecer una moneda única. Esto lo hizo dentro del ambiente de apoyo de estabilidad global (extremadamente desequilibrada, pero temporalmente extraordinaria), mantenido por el Mecanismo Global de Reciclaje de Excedentes anclado en los eeuu. Para sortear los obstáculos políticos presentados por la comprensible reticencia del Bundesbank a sacrificar el marco alemán, terminamos con la paradoja de un bce suministrando una moneda única a los bancos de diecinueve países. De esta manera, los gobiernos de estos países tendrían que salvar sus propios bancos en un momento de crisis, ¡sin un banco central que pudiera apoyarlos!

Mientras tanto, Wall Street, la City de Londres y los bancos franceses y alemanes aprovechaban su posición central en el sistema de reciclaje global anclado en los Estados Unidos para construir pirámides colosales de dinero privado sobre la base de las ganancias netas que fluyen a los Estados Unidos desde el resto del mundo. Esto agregó mucha energía al esquema de reciclaje, ya que alimentó un nivel de demanda cada vez más acelerado dentro de los Estados Unidos, en Europa y Asia. También provocó el extraordinario desacoplamiento de los flujos de capital financiero de los flujos comerciales subyacentes.

Para explicar lo que quiero decir con el «extraordinario desacoplamiento de los flujos de capital financiero de los flujos comerciales subyacentes», recuerden los embriagadores días de agosto de 2007, cuando comenzó la podredumbre. Mis amigos alemanes, hasta la fecha, me dicen que ellos no lo entienden: ¿Cómo es que el Deutsche Bank, y el resto de los bancos alemanes, fueron, efectivamente, a la quiebra? ¿Cómo puede un sector económico pasar en 24 horas de hacer dinero a tropecientos a la insolvencia, exigiendo enormes rescates a los contribuyentes? La respuesta es tan simple como devastadora.

Consideremos los bancos y exportadores de Alemania en el verano de 2007. Las cuentas nacionales de Alemania confirman el gran superávit comercial de Alemania con los Estados Unidos. En el mes de agosto de 2007, por poner un ejemplo, los ingresos alemanes de exportación netos a los Estados Unidos fueron de unos 5 mil millones. Las cuentas nacionales de Alemania registraron este superávit así como una salida de capital compensatorio desde Alemania a los Estados Unidos. Sin embargo, las cuentas nacionales de Alemania no muestran el verdadero drama detrás de la escena, la acción real.

Desde principios de la década de 1990 y hasta 2007, los banqueros de Frankfurt se morían de ganas por comprar los lucrativos derivados en dólares que Wall Street y la City londinense fabricaban y lo hicieron con dólares que estaban pidiendo prestados a Wall Street. En agosto de 2007, el precio de estos derivados comenzó a caer, las

deudas subyacentes retrocedían y, por lo tanto, las instituciones de Wall Street se enfrentaron a grandes ajustes. Los banqueros alemanes se pusieron apopléjicos cuando sus aterrorizados amigos de Nueva York comenzaron a reclamar sus deudas en dólares. Necesitaban dólares a toda prisa, pero nadie compraría la montaña de derivados tóxicos estadounidenses que ellos habían comprado. Así es como, de la noche a la mañana, los bancos alemanes que estaban nadando en océanos de ganancias en papel se encontraron con la necesidad desesperada de unos dólares que no tenían. ¿No podrían los banqueros de Alemania tomar prestados dólares de los exportadores de Alemania para cumplir con sus obligaciones en dólares? Podrían, pero ¿cómo podrían los 5 mil millones que estos últimos había ganado durante ese último agosto de bonanza ayudar cuando la extraordinaria deuda de los banqueros alemanes con Wall Street, que los estadounidenses reclamaban ahora, excedía los 100 mil millones? Esto es lo que quiero decir con el asombroso desacoplamiento de la economía de las finanzas de los flujos comerciales de los flujos de capital.

El después

En resumen, lo que sucedió a escala global fue que los desequilibrios de flujos financieros denominados en dólares, que inicialmente habían crecido debido al déficit comercial de los Estados Unidos, «consiguieron» desvincularse de los valores económicos subyacentes y los volúmenes de comercio. No sería descabellado decir que casi alcanzaron la velocidad de escape y casi dejan el planeta Tierra detrás —antes de estrellarse violentamente en 2008—.

A partir de ese momento, los políticos se volcaron en transferir las pérdidas de los que las crearon (los banqueros) a los deudores de la clase media, los asalariados, los desempleados, los que tenían pagos por discapacidad y los contribuyentes que no podían permitirse establecer unidades de contabilidad offshore. En Europa, en particular, nuestro liderazgo no sólo no moderó la crisis de la eurozona, sino que al implementar hasta hoy el ocultamiento fraudulento de la insolvencia, produjo una derrota histórica para el capitalismo europeo.

La narrativa dominante sobre lo que salió mal no tenía ninguna base en la macroeconomía y, por lo tanto, eso permitió oscurecer la realidad de que el Eurosistema había sido diseñado para no tener ningún amortiguador que absorbiera la onda expansiva de Wall Street. En consecuencia, una tras otra, las naciones orgullosas se enfrentaron entre sí, con una clase dominante decidida a disfrazar los motivos de una crisis causada por una alianza de banqueros del Norte y del Sur y otros oligarcas rentistas, en un choque causado por los despilfarradores sureños y las laboriosas hormiguitas del norte, o como la crisis de los excesivamente generosos sistemas de bienestar social alemán, griego, italiano, etc. Las repercusiones políticas de este vano manejo de una crisis inevitable son evidentes para todos, por lo que voy a desistir de decir algo más al respecto, a pesar de que mi vida, en estos días, está dedicada a luchar contra la Internacional Nacionalista que surgió de este lío.

Pero dejemos de lado estos desarrollos ya conocidos. La pregunta es: ¿dónde estamos ahora?

Si bien el déficit comercial de los Estados Unidos volvió a los niveles anteriores a la crisis en un par de años, ya no era suficiente para estabilizar la demanda global. El mecanismo previo a la crisis por la cual Wall Street y la City londinense convirtieron (y sobrecargaron) el déficit comercial de los Estados Unidos en inversiones de capital fijo en todo el mundo se ha derrumbado. Claro, la Fed y otros Bancos Centrales trataron de enmendar la situación con tsunamis de liquidez inducida por expansión cuantitativa (ec). Pero eso sólo elevó los precios de activos en el oeste, dando por ejemplo a las corporaciones estadounidenses la oportunidad de recomprar sus acciones mientras ahorran sus propios beneficios en cuentas en el exterior. Donde fluía el dinero, en los Mercados Emergentes, la inversión creció, pero era vulnerable tanto a las fuerzas deflacionarias que Europa exporta continuamente (cortesía de su impulso de austeridad nacional) como a la expectativa de reducción y mayores tasas de interés a largo plazo en los Estados Unidos. Quizás el único pilar de la demanda mundial fue China, aunque su capacidad para mantener ese impulso se vio limitada por la constante amenaza de explosión de su burbuja crediticia.

En resumen, la capacidad de Wall Street para continuar «cerrando» el ciclo de reciclado global en 2008 desapareció y aún no ha sido reemplazada. Los bancos de los Estados Unidos ya no pueden aprovechar los déficits gemelos de los Estados Unidos con el propósito de financiar suficiente demanda dentro de los Estados Unidos para mantener en marcha las exportaciones netas del resto del Mundo. Esta es la razón por la cual el mundo de hoy permanece en los cierres de la misma crisis que comenzó en 2008.

¿Hemos aprendido alguna lección?

Realmente, no. El capitalismo global se comportó como un conductor imprudente que, habiendo sido atrapado por exceso de velocidad, se mantiene en el límite de velocidad por un tiempo, pero luego pisa de nuevo el acelerador como si nada hubiera sucedido. Veamos:

Deuda: 40% más desde 2007, hasta alcanzar el 217% del PIB mundial.

Regulación bancaria: Reglas nacionales más estrictas establecidas para restringir los balances de los bancos, causando un cambio de la intermediación financiera de los bancos a los mercados de capital, principalmente con instrumentos denominados en dólares de renta fija. Pero al hacer que los bancos sean más seguros, la creación de mercado se ha deteriorado o cambiado a un sistema bancario en la sombra, que ha pasado de 28 billones en 2010 a 45 billones en 2018. El riesgo no se ha eliminado, simplemente se ha perdido y se ha dispersado geográficamente; por ejemplo, los bancos estadounidenses dominan más que nunca (los cinco bancos estadounidenses más grandes que se consideraron Too Big To Fail ahora son aun más grandes: representan el 47% de todos los activos bancarios de eeuu, un 44% en 2007), los nuevos gigantes bancarios de Asia se expandieron rápidamente y son los bancos británicos y europeos los que contrataron, ya que las autoridades estadounidenses lo exigieron a los competidores europeos, como Barclays y Deutsche Bank, que proporcionaran más capital a sus operaciones en eeuu o que se marcharan.

Los mercados emergentes pierden su capacidad de ajustar a través de la depreciación: Es bien sabido que los dineros ec (expansión cuantitativa) fluyeron hacia Mercados Emergentes. De hecho, en la última década, los préstamos denominados en dólares a prestatarios de ec crecieron un 17% cada año, y fluyeron a China, Brasil, Chile, Turquía, Argentina, Indonesia, etc., 3.7 billones en total. Esto ahora está causando los problemas que todos sabemos. Peor aún, la devaluación parece no hacer diferencia (ya que los argentinos no mantendrán su dinero en pesos, incluso si se les ofrecen tasas de interés del 100%). Incluso cuando el gobierno tiene suficientes reservas de divisas para cubrir sus obligaciones en dólares, la apreciación del dólar hace que las empresas domésticas que trabajan bajo grandes deudas en dólares se reduzcan en sus hogares, reduciendo así la capacidad de depreciación para impulsar la actividad económica interna.

Un sentido de injusticia: se impusieron multas de 321 mil millones a los banqueros. Era un pequeño porcentaje de la liquidez y los activos públicos que los contribuyentes les habían proporcionado.

Sorprendentemente, a diferencia de la década de 1980, cuando estalló una crisis bancaria mucho más pequeña en los eeuu (el escándalo de Ahorros y Préstamos), que llevó a más de mil banqueros a la cárcel, no se realizaron arrestos por delitos financieros relacionados directamente con las actividades tóxicas de los financieros que ocasionaron el 2008.

No hay planes para el próximo episodio: No existe un plan para cuando el nuevo riesgo de cola golpee de nuevo; un efecto dominó que puede comenzar de varias maneras (por ejemplo, la deuda pública italiana, un colapso de la burbuja crediticia china) y ser más ominoso por la estrategia de Trump de incitar a una falla de coordinación a nivel mundial, por el Brexit en Europa, o por el generalizado envenenamiento de los procesos democráticos.

¿Qué es lo siguiente? La necesidad de una Internacional Progresista y un borrador del New Deal internacional por el que debemos hacer campaña.

La crisis de 2008 engendró la Gran Recesión, que engendró la Gran Deflación, que dio lugar a la Disolución Integral de cualquier apariencia de Gobernabilidad Global. Lamentablemente, la Unión Europea se encuentra en una etapa avanzada de desintegración, con la debacle migratoria frente a los desequilibrios macroeconómicos subyacentes que son incompatibles con el marco institucional del euro. Los Estados Unidos han adoptado la estrategia de pasar a las negociaciones bilaterales; un marco dentro del cual ni la Unión Europea ni la economía china pueden seguir. Las tendencias actuales conducirán, casi con certeza, a lo siguiente: a) Europa exportará una mayor deflación e inestabilidad al resto del mundo; y (b) China reduce sus niveles insostenibles de inversión en más del 10% del PIB, lo que junto con una tasa de crecimiento máximo del 6% y una tasa de ahorro del 40%, conduce a la predicción segura de una salida de capital de China que superará el 10% del PIB. Si bien algunas economías particulares podrán funcionar razonablemente bien en ese entorno, la economía mundial sufrirá y las tensiones se multiplicarán. Si a esta imagen agregamos las presiones de la próxima crisis (es decir, los efectos deflacionarios de la inteligencia artificial y la automatización), el futuro parece sombrío.

¿Puede el futuro ser más luminoso? Sí, por supuesto que sí. Recientemente, junto con Bernie Sanders, hemos hecho un llamamiento por una Internacional progresista que hará campaña en favor de un New Deal internacional, un nuevo Bretton Woods. ¿Qué significa esto en la práctica? Aquí hay tres ejemplos de lo que eso significaría:

Un Programa de Inversión Verde a gran escala mediante el cual se puede utilizar con fines útiles el exceso mundial de ahorro

Esto sería equivalente a un New Deal internacional, tomando prestado del plan de Franklin D. Roosevelt la idea básica de movilizar dinero privado ocioso para fines públicos. Pero en lugar de a través de programas de impuestos y gastos a nivel de las economías nacionales, esto debería ser administrado por una asociación multilateral de bancos centrales (como la Fed, el Banco Central Europeo y otros) y bancos de inversión pública (como el Banco Mundial, El Kf W Development Bank de Alemania, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, etc.). Bajo los auspicios y la dirección de, digamos, el fmi, la ocde incluso (¡!). Los bancos de inversión podrían emitir bonos de forma coordinada, que estos bancos centrales estarían listos para comprar, si es necesario. De esta forma, el conjunto disponible de ahorros globales proporcionaría los fondos para grandes inversiones en los empleos, las regiones, los proyectos de salud y educación y las tecnologías ecológicas que la humanidad necesita.

Tratos de comercio justo, basados en salarios mínimos de vida para los países pobres y un esquema de garantía de trabajo para las regiones desfavorecidas de los países más ricos

Para ilustrar que los aranceles no son la mejor manera de proteger a nuestros trabajadores, ya que en su mayoría enriquecen oligarquías locales, debemos hacer una campaña por acuerdos comerciales que comprometan a los gobiernos de los países más pobres a legislar salarios mínimos para sus trabajadores y que los gobiernos de los países más ricos legislen por un plan de garantía de trabajo para las regiones desfavorecidas, para que las comunidades puedan recuperarse en los países más ricos y más pobres a la vez.

Un nuevo sistema monetario internacional: una unión global de comercio y capital de compensación

La tarea aquí es reequilibrar el comercio y crear un Fondo Internacional de Riqueza para financiar programas que alivien la pobreza, que desarrollen el capital humano, que apoyen comunidades marginadas e inviertan en la Transición Verde en todo el mundo, y no sólo en el mundo en desarrollo, sino también en los cinturones de los Estados Unidos y Europa.

Manteniendo sus propias monedas y bancos centrales, los miembros del New Bretton Woods acordarían denominar todos los pagos en una unidad contable común, llamémosle Kosmos (K), una moneda digital común emitida y regulada por el fmi en la base de un libro digital distribuido transparente y un algoritmo que ajustaría el suministro total de Ks de una manera pre-acordada al volumen del comercio mundial, todos los cuales estarán denominados en K unidades. Los mercados de divisas funcionarían como lo hacen ahora y la tasa de cambio entre K y varias monedas podría variar de la misma manera que lo hacen los Derechos Especiales de Giro del fmi, el dólar, el euro, el yen, etc. La diferencia, por supuesto, sería que, bajo este sistema, los Estados miembros permitirían que todos los pagos pasen a través de la cuenta K de su banco central. Además, para explotar todo el potencial del sistema para mantener los desequilibrios bajo control, se introducirían dos transferencias estabilizadoras.

El suministro de K se ejecutaría sobre la base de reglas simples y automatizadas que impulsen el suministro global de K en momentos de desaceleración global, minimice el poder discrecional de los políticos y burócratas, regule en gran medida el comercio del sector financiero en Ks y mantenga los desequilibrios del comercio y el capital mundial bajo control usando dos instrumentos:

  1. La Tasa o gravamen: un gravamen de desequilibrio comercial que se cobra anualmente a la cuenta K de cada banco central en proporción al déficit o superávit de su cuenta corriente y se ingresa en un fondo común de riqueza.
  2. El Incremento: las instituciones financieras privadas pagan una tarifa de «aumento» en el mismo Fondo en proporción a cualquier aumento de flujos de capital fuera del país, lo que recuerda el aumento en el precio de la congestión que empresas como Uber cobran a sus clientes en momentos de máximo tráfico.

La lógica de la tasa o gravamen es motivar a los gobiernos de los países con superávit a que aumenten el gasto y la inversión nacionales, al tiempo que reducen sistemáticamente el poder de gasto internacional de los países deficitarios. Los mercados de divisas tendrán esto en cuenta, ajustando los tipos de cambio más rápidamente en respuesta a los desequilibrios de la cuenta corriente y cancelando gran parte de los flujos de capital que hoy soportan un comercio crónicamente desequilibrado. En cuanto a la Tarifa, automáticamente penalizará las entradas o salidas en masa de capital especulativas sin, sin embargo, otorgar poder discrecional a los burócratas o introducir controles de capital inflexibles.

De repente, a través del Fondo Común, el mundo habrá adquirido, sin necesidad de ningún capital suscrito, un Fondo de Soberanía Global con el cual financiar programas para aliviar la pobreza, desarrollar capital humano, apoyar a las comunidades marginadas e invertir en la transición verde en todo el mundo, y no sólo en el mundo en desarrollo, sino también en las áreas desfavorecidas de Estados Unidos y Europa.

Conclusión

2008 fue una llamada de atención que cayó en saco roto. El mundo en 2018 es más precario de lo que era en 2007. Las finanzas siguen absorbiendo el oxígeno de los trabajadores creativos, las corporaciones invierten poco en las cosas que la humanidad necesita, la mayoría de las personas enfrentan perspectivas de vida decrecientes en un mercado laboral en proceso de uberización y la política democrática está siendo envenenada tanto por la obsesión de los negocios de un inservible establishment como por la cada vez más triunfante Internacional Nacionalista xenófoba. Solo una campaña de Progresista Internacional por un New Deal internacional como aquí he trazado puede inspirar esperanza en el futuro.

Discurso presentado en la ocde el 14 de septiembre de 2018

Traduccción de Miguel Ibáñez Aristondo

* Popularizado en los 80s y 90s, el concepto de Twin deficits se refiere a la suma del déficit comercial más el déficit presupuestario.

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