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¿Qué pasa con el racismo? | Keeanga-Yamahita Taylor

Por más de un año, el movimiento «Black Lives Matter» ha mantenido en vilo a los Estados Unidos. Su lema central es un reconocimiento simple y declarativo de la humanidad negra en una sociedad carcomida por una desigualdad socio-económica que es experimentada, de modo desproporcionado, por los afroamericanos.

El movimiento es relativamente nuevo, mas no el racismo que lo generó. Bajo cualquier barómetro con que se quiera medir a la sociedad norteamericana —sistema de salud, educación, empleo, pobreza—, los afroamericanos siempre se encuentran en la peor situación.

A menudo, políticos de todas las tendencias señalan que la culpa de estas disparidades la tiene la ausencia de «responsabilidad personal», cuando no las consideran un fenómeno cultural particular de los afroamericanos.

En realidad, la desigualdad racial es en gran medida producto de políticas de gobierno e instituciones privadas que no sólo empobrecen a los afroamericanos, sino que además los demonizan y criminalizan.

Y sin embargo el racismo no es simplemente el producto de políticas erradas ni de las actitudes individuales de blancos racistas.

Crear mejores políticas públicas y prohibir el comportamiento discriminatorio de individuos o instituciones no resulta suficiente. Y si bien existe una gran necesidad de acciones gubernamentales que restrinjan las prácticas perjudiciales para grupos enteros de personas, estas estrategias no logran comprender la escala y la profundidad de la desigualdad racial en los Estados Unidos.

Para comprender por qué los Estados Unidos parecen tan resistentes a la igualdad racial, tenemos que mirar más allá de las acciones de los funcionarios electos o incluso de aquellos que prosperan gracias a la discriminación racial en el sector privado: tenemos que ver la manera en que la sociedad estadounidense está organizada bajo el capitalismo.

El capitalismo es un sistema económico basado en la explotación de los muchos por los pocos. Debido a la gran desigualdad que produce, el capitalismo se apoya en varias herramientas políticas, sociales e ideológicas que racionalizan esa desigualdad y simultáneamente dividen a la mayoría, que tiene todo el interés en unirse para resistirla.

¿Cómo  mantiene  el  uno  por  ciento  su  desproporcionado  control de la riqueza y los recursos en la sociedad estadounidense? Recurriendo al «divide y vencerás».

El racismo es sólo una de las muchas opresiones destinadas a servir a este propósito. Por ejemplo, el racismo estadounidense se desarrolló como una justificación de la esclavitud de los africanos, en un momento en que el mundo celebraba los conceptos de libertad y autodeterminación.

La deshumanización y el sometimiento de la gente negra tuvieron que ser racionalizados en esta coyuntura de nuevas posibilidades políticas. El objetivo principal era preservar la institución de la esclavitud y las enormes riquezas que producía.

Como Marx reconoció:

La esclavitud directa es tanto el eje de la industria burguesa como lo son la maquinaria, los créditos, etc. Sin esclavitud no tienes algodón; sin algodón no tienes industria moderna. Es la esclavitud la que ha dado valor a las colonias; son las colonias las que han creado el comercio mundial, y el comercio mundial es la condición previa de la industria a gran escala. Así, la esclavitud es una categoría económica de la mayor importancia.

Marx también identificó el rol central del trabajo esclavo africano en la génesis del capitalismo al escribir que:

El descubrimiento del oro y la plata en América; la extirpación, la esclavitud y el enterramiento de la población aborigen en las minas; la conquista y saqueo de las Indias Orientales; y la transformación de África en un laberinto para la caza comercial de pieles negras, significaron el rosado amanecer de la era de la producción capitalista.

Únicamente las necesidades laborales del capital podrían explicar cómo funcionaba el racismo bajo el capitalismo. La deshumanización real de los africanos en aras del trabajo fue utilizada para justificar su estado degradado en los Estados Unidos y el severo trato que se les brindaba.

Esta deshumanización no terminó simplemente con la abolición de la esclavitud; en lugar de ello, la marca de inferioridad impuesta en la piel negra se trasladó al proceso emancipatorio, sentando las bases para la ciudadanía de segunda clase que los afroamericanos padecieron durante casi cien años después de la esclavitud.

La degradación de los negros también hizo a los afroamericanos más vulnerables a la coerción y manipulación económicas, no sólo al racismo. La coerción y la manipulación estaban arraigadas en la evolución de las demandas económicas del capital, pero su impacto se extendió mucho más allá del ámbito económico. La gente negra fue despojada de su derecho al voto, sometida a una violencia sin sentido y reducida a trabajos mal pagados y de baja categoría. Ésta fue la economía política del racismo estadounidense.

Hubo otra consecuencia del racismo y el marcado de los negros: los afroamericanos fueron desterrados de la vida política, civil y social de una manera tan completa, que fue prácticamente imposible, para la gran mayoría de los blancos pobres y de clase trabajadora, concebir la unión con los negros para desafiar al gobierno y la autoridad de la camarilla blanca gobernante.

Marx reconoció esta división básica dentro de la clase obrera cuando observó que «en los Estados Unidos de América, todo movimiento independiente de trabajadores se paralizó cuando la esclavitud desfiguraba una parte de la República. El trabajo no se puede emancipar en la piel blanca mientras la negra esté marcada».

Marx comprendió que la dinámica moderna del racismo era el medio por el que trabajadores con intereses objetivos comunes podían convertirse en enemigos mortales debido a ideas racistas y nacionalistas subjetivas —aunque reales—. Al observar las tensiones existentes entre trabajadores irlandeses e ingleses, Marx escribió que:

Cada centro industrial y comercial en Inglaterra posee una clase obrera dividida en dos campos hostiles: los proletarios ingleses y los proletarios irlandeses.

El trabajador inglés común y corriente odia al trabajador irlandés al considerarlo un competidor que reduce su nivel de vida. Con respecto al trabajador irlandés, se siente miembro de la nación gobernante y se convierte así en una herramienta de aristócratas y capitalistas de su país en contra de Irlanda.

Para los socialistas en los Estados Unidos, el reconocer la centralidad del racismo en la división de la clase que tendría el poder real de deshacer el capitalismo, ha significado generalmente su involucramiento en campañas y movimientos sociales para acabar con el racismo.

Sin embargo, dentro de la tradición socialista muchos también han argumentado que, debido a que los afroamericanos y la mayoría de los no-blancos son desproporcionadamente pobres y de clase trabajadora, sólo las campañas destinadas a terminar con la desigualdad económica detendrían su opresión.

Esta postura ignora cómo el racismo constituye su propia base para la opresión de las personas no-blancas. Los negros del común y otras minorías no-blancas son oprimidos no sólo por su pobreza, sino también por sus identidades raciales o étnicas.

Tampoco hay una correlación directa entre la expansión económica, o la mejora de las condiciones económicas, y la disminución de la desigualdad racial. En realidad, la discriminación racial a menudo impide que los afroamericanos —y otros— gocen de acceso pleno a los frutos de la expansión económica.

Después de todo, la insurgencia negra de la década de 1960 coincidió con una robusta y próspera economía: las personas negras se rebelaban porque se encontraban excluidas de la riqueza estadounidense.

Mirar el racismo únicamente como un subproducto de la desigualdad económica, ignora el modo en que existe como una fuerza independiente que causa estragos en la vida de todos los afroamericanos. La lucha contra el racismo se intersecta regularmente con las luchas por la igualdad económica, mas no sólo se manifiesta en cuestiones económicas. Las luchas antirracistas responden asimismo a la crisis social que experimentan las comunidades negras, incluidas las luchas contra la discriminación racial, la brutalidad policial, la falta de vivienda, la pobre atención médica, la desigualdad educativa y la encarcelación en masa, entre otros aspectos del sistema de «justicia penal».

Estas luchas contra la desigualdad racial son críticas, tanto para mejorar las vidas de los afroamericanos y otras minorías raciales y étnicas en el aquí y el ahora, como para demostrar a los blancos del común el impacto destructivo del racismo en las vidas de los no-blancos.

Incluir a los blancos del común en un programa antirracista es un componente clave en la construcción de un genuino movimiento de masas, unificado y capaz de desafiar al capital. La unidad no se puede lograr sugiriendo, para no alienar a los blancos, que las personas negras deben restarle importancia al rol del racismo en nuestra sociedad mientras se centran en la lucha, «más importante», contra la desigualdad económica.

Es por esto que los grupos socialistas multirraciales siempre han participado en luchas contra el racismo. Esto fue particularmente cierto a lo largo del siglo xx, ya que los afroamericanos se convirtieron en una población más urbana, entrando así en constante conflicto y competencia con los blancos inmigrantes y nativos por empleo, vivienda y educación.

El violento conflicto entre los negros y los blancos de clase trabajadora subrayó hasta qué punto la división racial había destruido los lazos de solidaridad necesarios para desafiar colectivamente a empleadores, terratenientes y funcionarios electos.

Los socialistas desempeñaron un papel clave en las campañas contra el linchamiento y el racismo en el sistema de justicia penal, como en la campaña de los Scottsboro Boys en la década de 1930, cuando nueve jóvenes afroamericanos fueron acusados de violar a dos mujeres blancas en Scottsboro, Alabama.

La Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (naacp, por sus siglas en inglés) se había mostrado reacia a asumir el caso, pero los juicios de Scottsboro se volvieron prioridad para el Partido Comunista y su afiliada Defensa Legal Internacional.

Parte de la campaña consistió en recorrer el país y el mundo con las madres de los niños, con el fin de llamar la atención y buscar apoyo para su caso. Ada Wright, madre de dos de los niños, viajó a dieciséis países durante seis meses en 1932 para contar la historia de sus hijos.

Debido a que viajaba con comunistas conocidos, a menudo se le impedía hablar. En Checoslovaquia fue acusada de ser comunista y encarcelada durante tres días antes de ser expulsada del país.

Los socialistas también participaron en campañas de sindicalización entre los afroamericanos y fueron fundamentales en las campañas de derechos civiles para los afroamericanos y otras minorías oprimidas en el norte, sur y oeste de los Estados Unidos.

Este compromiso explica por qué muchos afroamericanos gravitaron hacia la política socialista a lo largo de sus vidas: los socialistas siempre habían articulado una visión de la sociedad que podía garantizarles la verdadera libertad.

A fines de la década de los sesenta, incluso figuras como Martin Luther King Jr. describían una suerte de visión socialista del futuro. En un discurso de 1966, dado durante una reunión de su organización, la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur, King comentó lo siguiente:

Debemos afrontar honestamente el hecho de que el movimiento debe dirigirse a la cuestión de la reestructuración de toda la sociedad estadounidense. Aquí hay cuarenta millones de personas pobres. Y un día debemos hacernos la pregunta: «¿Por qué hay cuarenta millones de personas pobres en los Estados Unidos?». Y cuando empiezas a hacerte esa pregunta, estás planteando preguntas sobre el sistema económico, sobre una distribución más amplia de la riqueza. Cuando te haces esa pregunta, empiezas a cuestionar la economía capitalista…

«¿Quién posee el petróleo?». Empiezas a preguntarte: «¿Quién posee el hierro?». Empiezas a preguntarte: «¿Por qué la gente tiene que pagar las facturas del agua en un mundo cuyos dos tercios son agua?». Éstas son las preguntas que deben hacerse.

A medida que los movimientos continuaron radicalizándose, grupos como los Black Panthers y la Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios siguieron la tradición de Malcolm X al vincular directamente la opresión negra con el capitalismo.

Los Panthers y la Liga fueron más lejos que Malcolm al tratar de construir organizaciones socialistas con el propósito específico de organizar a los negros de clase trabajadora para la lucha por un futuro socialista.

Hoy en día el desafío para los socialistas no es muy diferente: se trata de estar totalmente involucrado en las luchas contra el racismo, a la vez que se lucha por un mundo mejor basado no en las ganancias económicas sino en las necesidades humanas.

Traducido por: Alejandro Quintero Mächler

Ilustración de Elian Tuya

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