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Reforma y revolución en la universidad | Paul Ricoeur

Los signos son ahora elocuentes: Occidente ha entrado en una revolución cultural que es su propia revolución, la revolución de las sociedades industriales avanzadas, aun si tiene préstamos o ecos de la revolución china. Es una revolución cultural porque cuestiona la visión del mundo, la concepción de la vida, subyacentes en la economía, en la política y en el conjunto de las relaciones humanas.

Esta revolución ataca al capitalismo, no sólo porque éste no ha logrado cumplir la justicia social, sino porque ha logrado seducir muy bien a los hombres con su proyecto inhumano de un bienestar cuantitativo. Ataca a la burocracia, no sólo porque ésta es pesada e ineficaz, sino porque pone a los hombres en posición de esclavos frente al conjunto de los poderes, de las estructuras y de las relaciones jerárquicas que se han vuelto extranjeras para ellos. Ataca el nihilismo de una sociedad que, como un tejido cancerígeno, sólo tiene como fin su propio crecimiento. Frente a una sociedad sin sentido, trata de priorizar la creación de bienes, de ideas y de valores, por sobre su consumo. La empresa es gigantesca; tomará años, decenios, un siglo…

Este es el discurso que debe sostener cualquiera que aborde hoy la reforma de una institución tan particular como es la universidad. Toda tentativa para refundar la institución está sometida a una suerte de tensión entre, por una parte, un proyecto reformista regulado por lo posible y lo razonable y, por otra parte, un proyecto revolucionario total e inagotable. En esta situación poco confortable, deben evitarse dos errores simétricos que tienen en común la misma convicción, errónea y mortal, según la cual se tendría que escoger entre la reforma y la revolución. Los reformistas estarán tentados en edificar estructuras tan rígidas como las precedentes, destinadas a captar la energía de los revolucionarios y a romperla ahí donde resiste. Los revolucionarios puros querrán recusar toda institución, donde verán una trampa y un intento de “recuperación”, y tratarán de impedir su funcionamiento regular. A unos y a otros debemos decirles esto: hemos entrado en un tiempo en el que hay que hacer reformas, pero en el que debemos seguir siendo revolucionarios.

Traducción de Ernesto Kavi

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