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Señor Cerdo | Junio 2016

El Señor Cerdo tiene su vida perfectamente compartimentalizada, de modo que dedica la dosis justa al trabajo, a la diversión, a los excesos y a la mesura, así como a infinitas áreas en las que ha catalogado las distintas facetas, todo con el fin de extraerle el mayor rendimiento a esa experiencia consistente en ser el Señor Cerdo. En consonancia con los tiempos modernos, el Señor Cerdo es consciente de la importancia de ser un ciudadano informado, activo, que participa en los asuntos públicos para incidir en la toma de decisiones que, a su vez, habrá de afectar la vida del Señor Cerdo.

Como en cada una de las épocas electorales, el Señor Cerdo ha trazado un riguroso mapa que detalla las características de los candidatos por los que puede optar, de manera que le permita establecer un ranking entre los mismos. Después, el Señor Cerdo ha puesto en práctica un sofisticado método donde correlaciona las virtudes y defectos de los candidatos con la probabilidad de ganar que les otorguen las encuestas, tomando en cuenta variables tan relevantes como la proclividad al fraude electoral que ha demostrado en la historia el partido al que cada candidato representa. Con este método, el Señor Cerdo está seguro de encarnar el ideal de votante racional, que no sólo se informa y sabe lo que quiere sino que también, incorporando a sus decisiones políticas su costado emocional, quiere formar parte de los winners que festejan exultantes su triunfo, así que rara vez decide el Señor Cerdo votar por algún candidato al que las encuestas y la historia no le concedan probabilidad de ganar.

A lo largo del proceso, como suele sucederle a menudo, el Señor Cerdo tuvo un vislumbre genial que tendrá un gran impacto en su vida: mientras analizaba los discursos, las falsas promesas, los insultos que derivaban en una competencia para mostrar con claridad el pasado criminal de prácticamente todos los candidatos, el Señor Cerdo consiguió tener una visión panorámica de las elecciones como si fueran un juego recurrente, necesario para generar la ilusión de movilidad y cambio, donde en el fondo siempre ganan los miembros de una camarilla política un tanto mafiosa, mientras que para la inmensa mayoría de la sociedad las cosas permanecen exactamente igual. A partir de esa certeza, el Señor Cerdo comprendió que tenía un deber cívico, casi patriótico, de hacer algo, por lo que se encuentra en marcha su proyecto para crear una consultoría política, de nombre tentativo Señor Cerdo’s, donde se pondrán en práctica los años de estudios estadísticos, combinados con el fino olfato político del Señor Cerdo, para ofrecer sus servicios al mejor postor y ayudar a cualquier candidato, sea cual sea su pasado, a maximizar sus opciones para aprender a manipular las emociones del electorado y triunfar en la elección en turno. De ese modo, el Señor Cerdo recibirá a cambio de sus conocimientos oraculares una justa retribución, y quedará situado necesariamente del lado de los poderosos a los que la lotería electoral vaya beneficiando a cada nueva vuelta. Desde esa posición privilegiada, se promete el Señor Cerdo, intentará ablandarle a los gobernantes el corazón para que de vez en cuando se apiaden de toda esa muchedumbre que, para su desgracia, no pertenece a la estirpe talentosa como el Señor Cerdo, de manera que se les ofrezca el equivalente contemporáneo de pan y circo, para ayudar a hacer un poco más llevadera su existencia.

Foto «Pig on White» de Jonathan Lin @Flickr

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