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Señor Cerdo | Noviembre 2016

El Señor Cerdo es consciente de la gran importancia que tiene la amistad para enriquecer la propia experiencia de vida, pues en las interacciones con los demás siempre es posible apropiarse de alguna idea que contribuya a añadirle valor a la propia personalidad. Al mismo tiempo, ante las exigencias implacables de la vida moderna, se vuelve cada vez más complicado destinar tiempo a actividades cuya rentabilidad es difusa, como pasar tiempo con los amigos, por lo que el Señor Cerdo ha decidido que la alternativa que maximiza los beneficios y minimiza las pérdidas consiste en relacionarse con su entorno principalmente a través de la creación de tantos grupos de WhatsApp como le resulte humanamente posible.

Como el Señor Cerdo siempre se encuentra un paso por delante de la competencia, ha procurado balancear sus comunidades virtuales para que cuenten en su mayoría con miembros inferiores a él en todos los sentidos, aderezadas por unos cuantos seres que de momento, y sólo de momento, gozan de una mayor valía ante la sociedad. De esa manera, el Señor Cerdo puede disfrutar de las ventajas de comunicarle de manera constante su superioridad a los subalternos, al tiempo que adopta una falsa postura sumisa ante los que se pretenden situados por encima suyo, consiguiendo con ello que bajen la guardia, para asestarles la puñalada por la espalda en el momento en el que menos lo esperen. Por todo lo anterior, en la mayoría de los casos el Señor Cerdo ha maniobrado para lograr ser el administrador del grupo, con lo cual puede castigar con el bloqueo o la expulsión a cualquiera de los miembros. Con esta arma en mano, en ocasiones el Señor Cerdo la utiliza por razones específicas, pero en otras elige aleatoriamente a cualquier desdichado, que sin deberla ni temerla se ve de pronto marginado de la comunidad virtual. Cuando el Señor Cerdo es magnánimo y lo admite de regreso, ha podido comprobar que en todos los casos se produce un automático efecto de sumisión adicional en el sujeto agradecido por su reintegración al grupo.

Entre los pasatiempos favoritos del Señor Cerdo se encuentra enviar selfies suyas jugando al golf a media mañana, preguntándoles a los demás gutierritos, como los denomina con afecto, si acaso ellos se encuentran inmersos en sus labores de oficinistas. En otras ocasiones el Señor Cerdo ha aprovechado para enviarles imágenes que lo muestran en fiestas opulentas, abrazado de guapas edecanes, para despertarles envidia a causa de sus aburridas vidas domésticas. Asimismo, para mostrarse también compasivo, el Señor Cerdo en ocasiones escribe las diversas enseñanzas que le va deparando la vida, tomando puntual nota de las reacciones suscitadas, para llevar un meticuloso ranking de las reflexiones más populares, con miras a plasmarlas cuando llegue el momento en algún tipo de proyecto con soporte audiovisual, impreso, digital y otras modalidades, que condensará para sus seguidores las máximas que lo separan tan abismalmente de ellos.

Demostrando una vez más su inigualable capacidad de síntesis, el Señor Cerdo ha conseguido de esa manera utilizar en su provecho una institución tan anticuada como la amistad, deshaciéndose de un plumazo de sus rasgos más tediosos y conservando aquellos que le pueden servir de provecho. A partir de los cálculos realizados por el complejo sistema de algoritmos con el que mide día con día el aprovechamiento de su experiencia vital, el Señor Cerdo ha podido concluir que la variante virtual de la amistad le ha traído beneficios muy superiores a las ambigüedades y sufrimientos que le ocasionara en un futuro ya tan remoto, que cada vez queda —por suerte— más desterrado de su memoria prodigiosa.

Foto de Colin Knowles en @Flickr

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