Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Señor Cerdo | Septiembre 2016

En uno de los múltiples seminarios que el Señor Cerdo toma constantemente, como parte de su continuo proceso de perfeccionamiento personal, cada participante debía exponer al final, en una sesión de quince minutos, sus miedos más profundos expresados en el formato stream of consciousness, de modo que fueran las capas más profundas de su ser las que dieran voz a los temores. Si bien en un principio el Señor Cerdo se mostraba escéptico a participar en el ejercicio, dado que ya había pagado la cuota del seminario completa y quienes lo impartían estaban técnicamente a su servicio, decidió prestarse al ejercicio, convencido de que el único miedo relacionado con su participación sería el que produciría a los demás asistentes el darse cuenta de la existencia de un ser de la talla del Señor Cerdo.

Sin embargo, el Señor Cerdo recibió una muestra más del carácter imprevisible de la vida, recordándole la importancia de estar siempre abierto a experiencias desconocidas, pues tan pronto tomó su lugar en el círculo dispuesto para la realización del ejercicio, entró en un trance del cual no recuerda absolutamente nada, salvo que cuando volvió en sí se encontraba empapado en sudor, rodeado por el resto de sus compañeros de seminario, quienes le soplaban aire y le mojaban la frente con un trapo húmedo para ayudarlo a volver en sí.

Una vez se hubo recuperado, la coach del seminario lo llevó a solas a uno de los salones contiguos, y tras procesar en su computadora los resultados de un cuestionario llenado a partir de lo que expresó el Señor Cerdo en su trance, regresó con el semblante serio para comunicarle que el diagnóstico era tajante: el Señor Cerdo presentaba un caso agudo de uno de los síndromes contemporáneos más recurrentes: el Fear of Missing Out, o FOMO, como se le conoce más habitualmente. Aún pasmado por la experiencia, el Señor Cerdo optó por no comentar nada en el momento, y volver a su casa a consultar en internet las particularidades de ese síndrome por él desconocido que le acababan de diagnosticar.

Una vez recuperado el aplomo, el Señor Cerdo buscó, como siempre, la forma de convertir lo que podría considerarse como un defecto a su favor. Con su habitual perspicacia, comprendió que el diagnóstico era al mismo tiempo certero y equivocado. Certero, pues en efecto el mentado FOMO podía aplicársele a él, pero no como la coach de quinta categoría pudiera suponerlo. Lejos de padecer el síndrome, el Señor Cerdo es más bien la viva encarnación de un ser que genera eso en todos aquellos que tienen el privilegio y la desdicha de quedar deslumbrados por su talento. Yendo un paso más allá, el Señor Cerdo rebautizó la variante específica del síndrome que él provoca a su paso como Fear of Not Being el Señor Cerdo, o FONOBESC, y envió de inmediato a uno de sus achichincles a registrar el término, para posteriormente proceder a fabricar artículos diversos de merchandising para explotarlo correspondientemente.

Con ello, no sólo logrará una vez más el Señor Cerdo potenciar y rentabilizar otro poco su branding, sino que al mismo tiempo tendrá un gesto caritativo, pues al menos aliviará un poco la envidia de los aquejados por el fonobesc, pues al poder comprar las camisetas, tazas y llaveros que aludan a su síndrome, podrán participar un poco, sólo un poco, de la grandeza del Señor Cerdo.

Foto de Andy Rogers «This little piggy» @Flickr

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT

*