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Un-Tsunami-necesario-titulo

Por Mariana H.

Ojalá que este libro no existiera. Que no tuviera que existir. Pero en este momento es absolutamente necesario. En los textos que aquí encontramos se plantean muchas preguntas, se visualizan algunos escenarios posibles, se cuestiona, se recuerda, se denuncia y se debate. Se experimenta desde la literatura. Las doce mujeres que aquí aparecen escriben acerca de la condición de ser mujeres viviendo en este país, en este mundo, en este siglo XXI y en siglos anteriores. Su herramienta principal, el lenguaje, se trabaja desde distintos géneros: poesía, ensayo, crónica, diario personal. Y lo hacen con distintos tonos y desde distintas perspectivas, pero queda claro que el espíritu que las une y nos une a ellas es: esto ha existido desde el pasado, sucede hoy en día y tiene que parar. Yo me pregunto. ¿Es necesario tener que hablar de lo que, para muchas de nosotras, es evidente? Claramente, sí. Y mucho. A trabajos como el que ha hecho la editora y escritora Gabriela Jauregui deben sumarse muchos más y, desde mi punto de vista, muchos más hombres. Soy de las que piensa que no queremos, no podemos y no debemos de voces de mujeres y otras disidencias sexuales se inician con un silenciamiento. El taller literario es sexista», afirma.

Por su parte Yásnaya Elena, lejos de los lugares comunes de los discursos de equidad dice: «Indígena y feminismo han sido dos palabras que, aun después de aprender suficiente sobre su significado como para no confundirlas con otras, seguían apareciendo siempre como elementos léxicos incómodos».

Gabriela Jauregui y Brenda Lozano ahondan más en la importancia del lenguaje y las herramientas tecnológicas que hoy en día tienen a la palabra como recurso. Echándose un clavado por la historia, Margo Glantz hacer este cambio sólo nosotras. Pero nos siguen faltando manos para construir, modificar o destruir las carreteras trazadas desde hace siglos en términos de equidad, libertad y respeto.

Aquí encontramos argumentos, vivencias personales, análisis desde distintas trincheras. El texto de Vivian Abenshushan (et al.) aborda el tema del machismo y la humillación desde las instituciones literarias. «La perpetuación del régimen de género vigente, donde las hace un recorrido desde Eva hasta el MeToo, concluyendo de manera brillante: «El MeToo es el resultado de una violencia reiterada e impune durante siglos y verbaliza algo que durante largo tiempo fue inverbalizable; también y por desgracia puede convertirse (y se ha convertido) en un signo de puritanismo e intolerancia que queda asociado con el fundamentalismo».

Importantísima también una de las muchas reflexiones que hace Cristina Rivera Garza en su texto «La primera persona del plural», sobre todo cuando ante la desesperanza nos desesperamos y queremos cambios contundentes y veloces: «Las cosas no cambian de un día para otro, pero los límites de lo soportable se acortan o se yerguen de manera más clara cuando más de entre nosotras decimos lo que vemos con claridad. Cuando más de entre nosotros decimos que nos duelen».

Hace poco conocí y escribí acerca de la historia de algunos episodios de la vida de Sara Uribe, sin embargo, al leer «Solas», un texto que relata parte de los abusos que vivió en su infancia, nuevamente experimenté la rabia, la desolación y el desamparo que, como ella, muchas mujeres han experimentado.

Quisiera detenerme en dos textos que me parecieron extraordinarios. Aunque el primero no sea propiamente un texto como tal. Verónica Gerber Bicecci me vuelve a sorprender por una entrega que más que un texto es una pieza visual, o conceptual, o será que debo sólo decir que es artística. Y lo que sucede con la obra de Verónica es que no se puede describir o citar tal cual, hay que verla, leerla, descifrarla y conocer su historia, tal cual nos la presenta en «Mujeres polilla».

El segundo al que hago referencia es de Daniela Rea, «Mientras las niñas duermen». Siendo ella periodista y defensora de los derechos humanos entre otras cosas, elige hablar de la maternidad, de la verdadera maternidad, de esos momentos en los que sus niñas son chiquitas, en los que no duerme, no se gusta a sí misma, no sabe si hizo lo correcto, no sabe qué hacer con un marido que sabe que no sabe, tampoco, qué hacer. Me parece indispensable que las mujeres hablen con valentía y honestidad de lo que realmente se vive en esos años. Es un texto tan lleno de amor que la autora puede no sólo escribir sino publicar frases como: «Las hijas no se aman por el solo hecho de ser hijas. Uno aprende a amarlas. O no». Y aún con el agotamiento, las dudas, la frustración, las culpas, en la entrada del diario titulada «Un día de febrero» en el que ella es por fin libre por unas horas y teniendo la posibilidad de dormir, beber vino y ver películas subida en un avión, dice (refiriéndose a sus hijas Naira y Emilia): «Casi siempre termino sacando el celular para mirar las fotos de ustedes». Cuánto bien les haría a muchas madres que se les hablara desde la verdad y no los clichés de la maternidad.

A la salud de Brenda, Cristina, Daniela, Diana, Gabriela, Jimena, Margo, Sara, Verónica, Vivian, Yásnaya, Yolanda, y a la de las muchas sin nombre y sin foro para hablar y ser escuchadas.

Ojalá que algún día podamos ver las últimas olas de este Tsunami regresando al mar desde un lugar seguro.

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VV. AA
Edición y prólogo: Gabriela Jauregui Sexto Piso Realidades
2018 • 212 páginas

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