Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso

Por Carmen Pardo

El rumor habita El proceso de Kafka desde su inicio. «Alguien debía de haber calumniado a Joseph K.», leemos, «porque, sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana». Una vez terminada la obra no sabremos quién es ese alguien, solo que su voz corrió multiplicándose con otros alguien que podrían ser cualquiera. Como K., el lector construye sus referencias a partir de las informaciones contradictorias que va recibiendo. El rumor se mete en los oídos de K. adoptando la forma de un ruido que impregna todo y le impide entender a los que hablan. El rumor se introduce en los oídos del lector como un ruido vago y sordo que tiñe su voz mientras lee. El rumor le crea una sordera funcional a K., negándole la comprensión de la palabra articulada, pero acaso también a todos aquellos que lo propagan, que hacen correr la voz.

El rumor es una voz sin nombre que corre entre aquellos que, por el hecho de ser difíciles de contar dada su heterogeneidad

y cantidad, dejan de contar y son nombrados como masa, muchedumbre. A.; M.; J.; S.; podrían ser otras tantas víctimas, así como también otros alguien que echan a correr un ruido que, independientemente de su fundamento, puede tener consecuencias nefastas.

Una voz anónima y sin cuerpo permite circular un rumor que, en su desplazamiento, se vuelve confuso, vago. ¿O acaso era así desde su inicio? Es difícil seguir sus huellas, tal vez imposible. La confusión que contiene el rumor es la artífice de la fusión de esas voces que lo llevarán en volandas; voces a su vez sin nombre y sin un cuerpo capaz de ofrecerle sostén.

¿De qué está hecha esa voz que corre?

El compositor Philipphe Manoury ofrece una respuesta que da mucho qué pensar. En marzo de 2001, el músico francés presentó en La Bastilla su ópera K.,basada en El proceso de Kafka. La partitura está compuesta para una orquesta de ochenta músicos, catorce cantantes, un coro de niños, y una parte electrónica realizada en el IRCAM de París y que provee de doscientos acontecimientos electrónicos en tiempo real. La ópera se inicia con un prólogo añadido en el que K. tiene una pesadilla y ve su propio asesinato. Esta pesadilla se expresa, sonoramente, a través de los ruidos de una muchedumbre; un rumor que susurra y circula por toda la sala gracias a los efectos de la espacialización. Este rumor introduce esa calumnia que se encuentra en el origen de la detención de K., pero esta calumnia toma desde el comienzo de la ópera la forma de la colectividad.

El procedimiento que usa el compositor para hacer sentir esta colectividad es interesante. Antes de que se alce el telón, se escucha ese rumor que va incrementando su volumen al tiempo que se siente corriendo por la sala formando círculos. El ruido del público que toma asiento y charla animadamente antes de levantarse el telón, se mezcla con los ruidos de la obra. El rumor del público se suma al rumor de la calumnia que abre el proceso. El coro con el que se inicia la obra tiene además, la particularidad de ser un coro virtual generado a partir de doscientas muestras de los miembros físicos de un coro que canta fragmentos de la obra de Kafka.

El coro virtual de la ópera de Manoury lleva a pensar en esos otros coros cotidianos que en la política, en el mundo de las finanzas, o en las redes sociales contribuyen a dejar circular el rumor: voces que corren sin nombre y sin cuerpo.

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT

*