Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Vak Spectra (fragmentos) | Suzanne Doppelt

I.

el baile de los espíritus, el movimiento de los simulacros, una ola aérea, la aparición del perro, es la tramposa mecánica tras la escena o bajo la escalera la que actúa en sordina, o bien el ojo de aquel que se desplaza para ver lo que nunca está en su lugar, entre dos aguas o dos baldosas, ese animal quieto como una foto posa discontinuamente ante todos los curiosos. Una maquinación general lo vuelve bonitamente melancólico, espera pero al colmo de su distracción y su mirada tan fija como la de una estatua de cerámica, él contiene el fantasma, no hay nada que ver aparte de él y ese vacío cómico que lo mantiene tan cerca y tan lejos, nada más natural y más mudo que ver. Tanto como ese lugar del que es amo y señor en ausencia del suyo, pero a punto de salir del marco para escapar a ese juego de vértigo y de ilusión que lo muestra en pleno centro de una casilla y luego lo esconde de nuevo, un género único de movimiento, un curioso ballet del que se lleva la peor parte en ese clima de ciencia ficción

II.

es el vacío el que permite su uso y los agujeros de aire y de luz, hace falta tener al menos uno para, a través de él, mirar el mundo y sus historias, una pequeña obertura para comenzar a ver, un conjunto sucinto pero actuando sin descanso. Sobre todo las paredes que se forman de abajo hacia arriba, fijas pero figurando nubes, las imágenes en movimiento, escenas de género, ángulos perdidos y rostros afables, ellas tienen la palabra y ojos cuando el piso escucha, es un teatro de cámara con sorprendentes decorados, un lego estable e inmóvil pero a punto de desmoronarse y que termina siempre por agrietarse. Recuerden que las paredes de las ciudades están formadas nada más que por los escombros de las casas de los campos, se mueven y crecen, así como las plantas varían frente a pequeñas ventanas en forma de hoja de trébol o de talo y se abren y se cierran como una naranja. Dejan entrar la luz, los rayos opacos o luminosos al mismo tiempo que una colección de partículas, un caos de puntos, los sonidos y los olores, dibujan un cuadro y sus perspectivas, un agradable paseo. Y un famoso vértigo, afuera el horizonte desmultiplicado a simple vista, bien retirado en la sombra, silencioso o escondido detrás de la puerta escuchando las cosas pensadas a medias, frente a su latido monótono o apresado en un mareo de puertas giratorias, una verdadera revolución. Idéntico al alboroto producido en la habitación donde se bosqueja una bella descomposición, las paredes desaparecen, el techo se da vuelta y con él la mosca, el piso ofrece apenas un camino, bonitos espejos tan hábilmente puestos y líneas que van, es un verdadero espejismo, todo se deshace y se rehace. Para volver a aparecer entre dos pisos en la escalera profunda, en esa caja de ancestros donde se duerme, a los pies de la mesa, sobre la alfombra afelpada como una tela y dando saltitos cerca de los armarios, el espíritu de los lugares remueve la materia, nada se despliega tan grácilmente como una casa

Traducción de L. Felipe Alarcón

Foto de Charlie Cowins en @Flickr

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