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Vargas Llosa vs Bob Dylan

Ningún libro en la historia de la literatura moderna ha levantado tanta ámpula como Letras completas (Malpaso, 2016) de Bob Dylan. A su autor le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura. No fue por Tarántula o Crónicas. Fue por su carrera musical. Letras completas es la materialización en formato de libro de esa carrera.

El mundo de las letras mostró su repudio por el cantautor. Pero nadie levantó la voz en contra de Dylan como Mario Vargas Llosa, también Nobel. Como «frivolización de la cultura» calificó Vargas Llosa la decisión de la Academia Sueca, mientras aparecía en la portada de Hola! con Isabel Preysler. El pop no es ningún pecado. Su principal molestia radicaba en que premiaran a una estrella de rock. Lo que evidenció tristemente el enorme desconocimiento que el mundo de la literatura tiene de la figura de Dylan. No puedes acusar de aburguesamiento a un hombre que ha elegido el no-lugar como residencia. Su gira interminable lo ha tornado ilocalizable, incluso para las revistas del corazón. Fue imposible para la Academia Sueca notificarle que había sido el ganador.

¿Qué significa el Premio Nobel? La respuesta es poder. El silencio de Dylan enfureció aún más a sus detractores. Que Bob rechazara detentar el poder le resultó insoportable a Vargas Llosa. Y una verdad lapidaria se desprende de este episodio: ningún libro de Vargas Llosa, ni su obra en conjunto, son tan significativas para el mundo como lo es una canción de Bob Dylan. A Vargas Llosa lo enloquece el poder, por algo se lanzó a la presidencia de su país, por algo unge a escritores. A Dylan el poder le causa un profundo desinterés. Cualquier otro (quizá con excepción de Leonard Cohen) que hubiera ganado el Nobel habría salido corriendo a recibirlo.

La publicación de Letras completas ha supuesto un carpetazo en la maquinaria editorial. Es un libro que no fue concebido como tal. Es una reunión de textos que relatan ciertos pasajes de la historia de la humanidad. Pese a su circunstancialidad, es una especie de Corán de la poesía occidental de la segunda mitad del siglo xx. Parece un relato de ciencia ficción, el hecho de que en los tiempos del reinado tecnológico sea un libro el que produzca una revuelta. Sin embargo, las damas que cada año comentan al nuevo Nobel en sus clubes de lectura no han salido a arrebatarse los ejemplares de Letras completas.

No debuta Dylan en librerías. Existen cientos de libros que abundan sobre su obra y su persona. También algunas compilaciones anteriores de sus letras. Y los mencionados Tarántula (Novela) y Crónicas (Memoria). Y las letras de todos los discos de Dylan se pueden consultar en su página oficial. Pero Letras completas se impone como la antología de antologías. Un monolito de sabiduría. Que pese a su monstruosidad, casi mil trescientas páginas, resuma humildad. La timidez con la que Dylan ha reaccionado a los acontecimientos de su vida pública habla de una personalidad monástica. Si algo tiene que decir está todo contenido en Letras completas.

«No es un gran escritor», así calificó Vargas Llosa a Bob Dylan. Atendiendo a esta declaración, se podría concluir que por la tanto Letras completas no es un gran libro. Basta asomarse a sus páginas para constatar lo contrario. El trabajo de Dylan está sembrado con citas de textos sagrados, referencias provenientes de la poesía y del cine. Pero lo importante es lo que ha hecho Dylan con todos estos extractos. Ha confeccionado una obra que ha entablado un diálogo con el mundo. Es más que la suma de las décadas que retrata. Es la hipertextualidad por excelencia. Dylan se encuentra más cerca de Joyce y de Burroughs que de la Biblia misma. Como modelo narrativo. Como modelo mítico, Dylan no reconoce prejuicios. Y, en desacuerdo con Vargas Llosa, eso lo convierte en un gran escritor.

En 1991, cuando recibió un Grammy, Dylan salió al escenario vestido de negro y escupió una rabiosa, furibunda, distorsionada versión de «Masters of War». Era su manera de protestar contra la guerra de Irak. En la ceremonia de entrega del Nobel, a la que no se presentó, Patti Smith cantó «A Hard Rain’s A-Gonna Fall». Patti se quebró durante su interpretación. Lloró por la despiadada actualidad de la letra de la canción. Fue el mensaje de Dylan. Lo peor está por venir. Por supuesto en referencia a Trump. Aunque no se le mencionara. Era obvio. El espíritu contestatario de Bob continúa intacto. Aunque reniegue de él. Aunque toque cóvers de Frank Sinatra. Sigue siendo el trovador atribulado por las noticias del mundo.

Hastiado de la celebridad, Dylan ha desaparecido de la vida pública. Su carácter huidizo lo ha vuelto impredecible. Su última travesura ha sido por fin aceptar el Nobel de manos de los académicos. Lo que por fin dejará satisfechos a todos aquellos que aseguraban que no rechazaría el dinero. Pero existe algo que no se puede comprar. El prestigio. Y las credenciales de Letras completas son apabullantes. Han sido merecedoras del Premio Asturias y del Premio Nobel. Más los logros obtenidos en el mundo de la música. Las tablas de Moisés nunca llegaron al número uno de las listas de popularidad.

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

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