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I. Un acto de telekinesis

Cualquiera que haya visto el documental Ashes of American Flags conoce la afición de Pat Sansone por la fotografía. Ciudad que visita Wilco él la recorre a capturas. Sin embargo, las probabilidades de topármelo en las calles de El Paso se antojaban remotas. Podría haberme plantado afuera del hotel donde se hospedaba la banda. Pero no soy partidario de esa clase de acoso.

Crucé la frontera a pie. En menos de lo que dura una canción de los Ramones. La fila era inexistente: un milagro de Trump. He atravesado tantas ocasiones el puente Santa Fe que la migra ya ni me pela. Mi compa la Peineta me acompañaba. Nos encaminamos hacia la que se ha convertido en mi base de operaciones en El Paso, The Tap, por una Michelob Amber Bock de barril. La población del local la conforma casi puro barfly.

Desde que había comprado mi boleto no había hecho otra cosa que invertir mi tiempo en escuchar a Wilco. Más de dos meses de invocación hicieron posible que uno de sus miembros se materializara.

Tomamos la calle San Antonio y la Peineta lo divisó. Allí va uno de Wilco, me advirtió. Víctima de la incredulidad, lo ignoré. En el momento en que cambiamos de acera él hizo lo mismo. Ingresamos en el bar, pedí una cerveza y me la sirvieron. Entonces lo vi. Estaba tomándole fotos a la fachada de The Tap. Nada pierdo con cerciorarme, pensé. Me levanté y salí a la calle. Pasé a su lado pero no lo reconocí. Cuatro pasos después di media vuelta. Se había quitado el sombrero para contestar una llamada. You are Pat Sansone, le dije. Yes, respondió con serenidad.

Look, le dije presumiéndole el tatuaje que tengo de Wilco en el antebrazo izquierdo. Hizo un gran ooh y sonrió. Can I take a picture with you, le pregunté. Sure, sure. Regresé al bar por mi iPhone y le dije a la Peineta que tenía razón. Afuera estaba Pat Sansone. Salimos y nos tomamos fotos con él. Exudaba amabilidad. Nos preguntó si éramos de El Paso. Le respondimos que habíamos venido del otro lado de la frontera. Contó que su esposa era de El Paso. Y que había salido a caminar.

Wait, le dije. Volví al bar una vez más. Por un ejemplar de mi libro para regalárselo. Me pidió que se lo autografiara. Tuve que retachar al bar otra vez por una pluma. Luego le pasó a la Peineta su celular para que nos tomara una foto. Yo me encontraba en shock. Wilco es mi banda favorita de los últimos tiempos. Después desapareció como una exhalación. Y yo me quedé con la pregunta crucial en la cámara del revólver. Cuándo va a dar Wilco, cuándo, un concierto en México.

II. Un acto de telepatía

Si existe una gira ambiciosa para Wilco, es ésta. Si presentarse en El Paso era arriesgado, que lo hicieran al día siguiente en Marfa, un pueblo a tres horas de distancia, era un disparate.

Nos internamos en el teatro Abraham Chávez poquito pedos. Antecedentes me sobraban, Kicking Television, el doble en directo de la banda, más cientos de horas que he invertido en verlos en vivo en videos de Youtube. Sin embargo, esto no te prepara para un concierto de Wilco.

No sabía qué esperar. Schmilco, el disco más reciente, es un disco de vena más acústica y más folk incluso que Sky Blue Sky. Esto no significa que no sea un discazo, pero sí se extraña la lira de Nels Cline. Pero para nuestra fortuna Wilco salió a partir madres.

«Via Chicago» dio una pista de lo que nos esperaba, con esa deconstrucción sonora en medio de la rola. Cuatro canciones después, «Art of Almost» fue el pretexto para que Nels se luciera como nos tiene acostumbrados. Pero el highlight de la noche se presentó con «Pickeld Ginger» de Star Wars. Mi rola favorita de la última etapa de la banda. Una canción que no esperé que tocaran, aunque había asistido con el anhelo secreto de escucharla esa noche. Había orado en silencio dos meses porque esto ocurriera.

A partir de este punto la noche fue puro guitarreo portentoso. «Handshake Drugs», «Impossible Germany», «Theologians». Por supuesto que tocaron el himno de mi generación: «Jesus, Etc.». Pero si algo quedó claro aquella noche es que la nostalgia ha pasado de moda. Los fans de Wilco han crecido con la banda y en el camino han elegido otras melodías como nuevos clásicos.

El teatro estaba a menos del cincuenta por ciento, pero Jeff Tweedy no se cansó de elogiarnos. You are a magnificent audience. Veinte rolas después dejaron el escenario. Volvieron para un encore de cuatro piezas que finalizó con diez minutos de noise con «Spiders». Y regresaron para un segundo encore de dos canciones. En total, veintiséis ejemplos de su fina discografía.

Nuestros lugares estaban en la fila A. Así que no me quedé con ganas de gritarle a Tweedy que lo habíamos esperado por largo tiempo. For who?, preguntó. For you, respondí, me miró y dijo ah, con su peculiar sentido del humor. Lo que terminó de redondear mi noche.

La visita de Wilco a El Paso fue un experimento. En otra plaza habrían abarrotado. Aplaudo su humildad y que dejaran todo en el escenario. Ojalá en la siguiente gira se dejen lamer otra vez por el Río Bravo.

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Carlos Velazquez posa para una foto en la 28 Feria Internacional del Libro Guadalajara, Guadalajara, Mexico, Viernes 5 de Diciembre , 2014. ( © FIL/Bernardo De Niz)

Ilustración de José Hernández

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