Publicación mensual gratuita de Editorial Sexto Piso
 

Ya sabes que no veo de noche (fragmento) | Claudina Domingo

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«no le llames por su nombre» la tarde se arrollaba de gris cuando me interné en la bodega «tendrás la tentación de dejarte seducir por su fealdad» en el suelo se repartía estropeada la luz: señal de que el otro extremo de la bodega estaba abierto y los telones (pesados pliegos de lino blanco) se sucedían por cientos «no lo pienses» daba vuelta al primer telón cuando lo oí: (repetitivo y delicado) su aleteo de pellejos «vive vencido: inmortal y sin amor» di otras vueltas a los telones y lo escuché correr sus patas delgadas y ligeras las garras afiladas tic tic tic tic tic (se detuvo) «él cree que puede escuchar los pensamientos» cinco seis vueltas más sin escucharlo: entonces vi sus patas del otro lado del telón: blancas como la leche el sonido de sus alas: gruesas hojas de papel el terror prendiéndose y desprendiéndose de mis piernas «no puedes huir: tienes que llegar al otro lado: tienes que engañarlo» entonces se me ocurrió perseguirlo jadeábamos los dos (mis piernas esforzándose por igualar sus patas diseñadas para la caza) nuestras carreras oscurecían el silencio y la luz (cada vez más firme) nos cegó (al final de los telones) me detuve en seco: bajo un chorro de sol lo vi volar: blanco y rojo (desnudo)

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—poco a poco el viento seco recaudará todo el cielo y tendremos que vivir todavía más alto— lo dijo con los ojos entrecerrados y la pipa todavía en la mano (el calor colgaba del aire: navegué pesadamente hacia la cama) antes de abrazarme se sacudió las cenizas del albornoz de seda y miré su desnudez bajo la luz abofeteada del crepúsculo: manchas verdes (colonias de esporas) y otras (pequeñas y carmines) como semillas de granada

por la ventana pasaban lentas nubes rellenas de hule espuma: intenté recordar cuándo fue la última vez que llovió ella me invitó de su pipa: la habitación resplandeció un instante en mis pulmones antes de sumergirse de nuevo en lo pardo y brumoso —sé que extrañas el agua pero aquí podremos vivir otro siglo— mi madre me abrazó y pude oler la tierra (muy abajo) durmiendo en un rincón de su pecho frío

Foto de RAVEfinity en @Flickr

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